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Pocas recetas son tan versátiles. Las hay caseras, pero también se encuentran en cualquier bar, forman parte de la alta cocina y no faltan en la sección de congelados del supermercado. Y si hablamos de ingredientes, podemos toparnos con casi cualquier sabor imaginable. Las croquetas son omnipresentes, están más de moda que nunca (en los últimos años incluso han surgido tiendas dedicadas en exclusiva a este producto) y hasta tienen su propio Día Internacional, el 16 de enero.

¿Qué tienen en común todas? Están hechas de una masa ligada con bechamel en la que se incluye un picadillo que puede ser de diversos ingredientes, como los clásicos jamón o bacalao. Esta masa se reboza en huevo y pan rallado dándole una forma ovalada o redonda. Finalmente, sólo hay que freírla en aceite.

Aunque parece que existían alimentos parecidos al menos desde los romanos, se suele atribuir su invención tal y como hoy las conocemos al cocinero francés Antonin Carême, que las habría introducido como alimento de los nobles a finales del siglo XVIII o principios del XIX con el nombre de ‘croquettes à la royale’. Otros consideran que hay que remontarse hasta el siglo XVII y a la corte de Luis XIV para rastrear su historia. Su nombre procede de la palabra francesa croquer, que significa crujir, así que no hay duda de su nacionalidad, aunque a mucha gente resulta increíble que el origen de este alimento no sea español teniendo en cuenta lo arraigado que está en la cocina ibérica.

En cualquier caso, al margen de estas curiosidades, lo que realmente nos preocupa como consumidores es su calidad dentro de una dieta saludable. En principio, la masa y el rebozado sumados al ingrediente principal hacen que pueda ser un alimento bastante completo, aunque también excesivamente calórico, sobre todo teniendo en cuenta que se fríen en aceite.

Ideas más saludables

Por eso los expertos recomiendan no abusar de las croquetas, es mejor comerlas esporádicamente y acompañadas de platos más ligeros, como ensaladas. No obstante, hay que tener en cuenta que no todas las croquetas son iguales.

El ingrediente principal va a determinar en gran parte sus propiedades nutricionales. Por ejemplo, unas croquetas de bacalao, un pescado blanco con bajo contenido en grasa, se pueden contar entre las más recomendables. Lo mismo podríamos decir de las de boletus, una seta que nos aporta vitaminas y minerales. La calidad y cantidad de este ingrediente principal también es muy determinante a la hora de valorar una croqueta, no es lo mismo usar jamón ibérico que jamón cocido.

Mejorando las de casa

Si las preparamos en casa, hay una serie de trucos para hacer más saludables y digestivas, empezando por la masa. La bechamel se puede hacer con leche desnatada, harina integral y poco aceite. El rebozado también se puede hacer con pan y harina integrales. Y, por supuesto, al elegir los ingredientes principales podemos optar por verduras, por ejemplo, espinacas.

A la hora de prepararlas tampoco es necesario que estén bañadas en aceite, es suficiente con echar un poco y darles la vuelta, porque se empaparán menos y tendremos un resultado final con menos grasas. Con el mismo objetivo, deberíamos echarlas a la sartén cuando el aceite ya esté caliente, de manera que absorban menos cantidad.

Si las compras en el supermercado, fíjate bien en la etiqueta para valorar tanto los ingredientes como los valores nutricionales o utiliza la app myHEALTH WATCHER para ver hasta qué punto es un producto más o menos recomendable para ti y para tu familia.

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