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El té es una de las bebidas más consumidas del mundo, algunos dicen que la más importante después del agua. Procede de Asia y es la infusión de las hojas y brotes de la planta del té (Camellia sinensis), que se ponen en agua hirviendo para disfrutar de su olor y sabor. Aunque se trata de una sola especie, da lugar a diversos colores e incluso propiedades diferentes en función de sus variedades y de cómo se procesan sus hojas.

A veces se confunde el té con otras infusiones, como la menta, el rooibos, la manzanilla o la valeriana. Aunque su apariencia, sus usos e incluso sus propiedades puedan ser similares, proceden de plantas distintas.

Si nos centramos en el té, hay que destacar su contenido en unas sustancias antioxidantes llamadas catequinas, con efectos antiinflamatorios y, en general, beneficiosos para el sistema nervioso y para el cardiovascular. Se considera astringente –bueno para situaciones de diarrea– y contiene diversas vitaminas y minerales.

Tipos de té

Aunque muchas veces se insiste en las diferentes propiedades de los distintos tipos de té (en parte por una cuestión comercial), las principales cualidades son compartidas por todos. Hay té verde, rojo (Pu-erh), blanco, negro y azul (Oolong). En general, las mayores diferencias están en sus propiedades organolépticas, es decir, en cómo percibimos sus olores y sabores, más y menos fuertes, dulces o amargos.

Algunos estudios hablan de que el té podría tener efectos protectores frente a algunas demencias, como la enfermedad de Alzheimer, o frente al cáncer, como una investigación publicada por la Universidad de Newcastle centrada en el té verde, aunque se trata de experimentos in vitro que es difícil corroborar en personas. Según los expertos, no hay resultados concluyentes que puedan indicar que tomar té resulta beneficioso para prevenir tumores, por ejemplo.

La teína

El té contiene teína, es decir, la misma molécula que el café y que es más conocida como cafeína. Sin embargo, en el caso de esta bebida su concentración es mucho menor y su absorción es más lenta, así que puede tener cierto efecto estimulante, pero mucho más leve.

Hay que tener en cuenta que tan importantes pueden ser las propiedades de un producto como la forma de prepararlo o, en este caso, de tomarlo. Muchas personas suelen tomar té acompañado de varias cucharadas de azúcar y esto no es, precisamente, muy saludable.

La historia de su popularización

Más allá de las propiedades nutricionales, el té está lleno de historia y de curiosidades. En China es popular desde hace miles de años, así que sus orígenes se pierden en la prehistoria, pero se convirtió en una bebida universal cuando los europeos comenzaron a comerciar con él, sobre todo los Países Bajos a partir del siglo XVII.

Según la experta Victoria Bisogno, fundadora de El Club del Té y autora de varios libros sobre esta bebida, la famosa pasión de los ingleses por el té procede en realidad de Portugal. Al parecer, la princesa Catarina de Bragança, que se casó con Carlos II en 1662, llevó hasta tierras británicas té procedente de China. Los portugueses, a través de su colonia en Macao, estaban ya muy familiarizados con este producto.

La costumbre de tomar el té a las 5 de la tarde, probablemente, fue impuesta por la reina Victoria en el siglo XIX, pero todo indica que fue la duquesa de Bedford quien comenzó a tomarlo entre la comida y la cena y extendió esa moda entre la aristocracia.

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