La nutrición, como cualquier otra ciencia, avanza y se va transformando a medida que los investigadores aportan nuevos conocimientos. Por eso, hace décadas la gran preocupación de los expertos eran las grasas, pero hoy en día se sabe que el exceso de azúcar puede tener consecuencias aún peores para nuestra salud.

De hecho, ya hace mucho tiempo que algunos estudios apuntaban hacia una posible relación entre el consumo de azúcar y las enfermedades cardiovasculares, pero la propia industria consiguió detener algunas investigaciones, como se ha demostrado posteriormente, y hacer que pensáramos que el único enemigo eran las grasas y el colesterol.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que “tanto para los adultos como para los niños, el consumo de azúcares libres se debería reducir a menos del 10%” del total de las calorías que tomamos a lo largo del día. Si conseguimos reducir esa ingesta aún más, hasta menos del 5%, lograríamos “beneficios adicionales para la salud”.

Pero, ¿a qué se refiere la OMS cuando habla de azúcares “libres” Sencillamente, son los azúcares añadidos, los que no están en los alimentos de forma natural. Los añaden los fabricantes de productos, los cocineros y los propios consumidores, por ejemplo, cuando le echamos azúcar al café.

Sí a los azúcares de la fruta, no a los zumos

Sin embargo, los azúcares también se encuentran de forma intrínseca en los alimentos. Así, hay azúcares en frutas y verduras frescas, pero estos azúcares no son malos para la salud.

En cambio, los azúcares de los zumos de frutas o de la miel, a pesar de que su origen también es natural, entrarían dentro de la recomendación general que nos insta a reducirlos. Tal y como explica el dietista-nutricionista Julio Basulto, no es lo mismo comerse una naranja que beberse su zumo, puesto que en el segundo caso se consideran azúcares libres.

De hecho, un adulto podría llegar a engordar cinco kilos en un año si bebe dos vasos de zumo de naranja casero cada día, según MedlinePlus, servicio de información de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

Alimentos con mayor contenido

No obstante, los azúcares añadidos nos llegan sobre todo a través de los alimentos procesados: refrescos, galletas y bollería, mermeladas, chocolates, cacao soluble, postres y golosinas son algunos de los que más contienen. Además, hay muchos productos que contienen mucho azúcar y ni siquiera nos lo imaginamos, como el tomate frito, las pizzas congeladas o algunas salsas.

El proyecto sinAzucar.org ofrece abundante información sobre este tema y sobre todo ayuda a visualizarlo. A través de fotografías, muestran productos junto a la cantidad de azúcar que contiene en terrones. De esta manera imita el lenguaje audiovisual de la industria y ayuda a concienciar sobre este problema.

Consecuencias para la salud

¿Y cuáles son las consecuencias de ingerir demasiados azúcares añadidos? Al revisar los estudios, los científicos alertan de su vinculación con la obesidad, la diabetes, la hipertensión e incluso algunos tumores, entre ellos, el cáncer de mama.

Las administraciones, cada vez más conscientes del grave problema que suponen los azúcares añadidos en la alimentación, comienzan a tomar algunas medidas: por ejemplo, mejorar el contenido nutricional de las máquinas de vending instaladas en lugares públicos, como los hospitales y centros educativos; y elaborar planes en colaboración con la industria alimentaria para reducir los porcentajes de azúcar (también de otros componentes, como la sal o las grasas) en los alimentos que llegan al supermercado.

Otras formas de añadir azúcar

No obstante, hay que tener en cuenta que la normativa permite no declarar como azúcares añadidos ciertos ingredientes, un truco que hace que puedan seguir fabricando alimentos tremendamente dulces a pesar de las restricciones. Por ejemplo, añaden miel o zumos que, como hemos visto, no dejan de aportar azúcares libres. Por lo tanto, conviene revisar el etiquetado para comprobar los valores nutricionales reales.