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Mucho se habla y se investiga sobre cómo influyen los horarios de las comidas en nuestra salud. De hecho, es un tema muy presente en la cultura popular, por ejemplo, a través de refranes como “De grandes cenas están las sepulturas llenas”. ¿Realmente tiene tanta influencia cuándo comemos o si comemos más o menos cantidad a una hora determinada?

Cuidado los fines de semana

Una de las últimas aportaciones a este debate procede de un estudio de la Universidad de Barcelona que relaciona la obesidad con el cambio de horarios de los fines de semana. Es un fenómeno al que los investigadores llaman ‘eating jet lag’, porque algunas personas alteran mucho sus costumbres con respecto a los días de trabajo, incluyendo la hora de las comidas. Si varían más de tres horas y media, esto se traduce en un aumento en el índice de masa corporal (IMC), una fórmula que relaciona el peso con la altura para determinar si tenemos un peso saludable.

Este tipo de efectos se explican por los ritmos circadianos, los cambios que experimentamos de forma cíclica a lo largo del día. Así, nuestro cuerpo está acostumbrado y más preparado para determinadas actividades a determinadas horas, como dormir de noche y estar despierto por el día. Muchas investigaciones científicas relacionadas con la salud incorporan este factor hoy en día.

La influencia del cronotipo

Entre ellas, resulta muy curiosa la que ha publicado recientemente un grupo de científicos españoles en la revista Clinical Nutrition, basada en los cronotipos de cada persona. El cronotipo hace referencia al nivel de actividad o cansancio durante diferentes periodos del día. A través de un test se puede clasificar a las personas entre diurnas (más activas por la mañana) y nocturnas (más por la tarde y la noche).

Pues bien, este estudio consistió en someter a los participantes a una dieta baja en calorías, pero en un grupo se hizo ajustando las horas de las comidas a su cronotipo y en otro no. El resultado fue que la dieta ajustada a las preferencias horarias fue más efectiva, probablemente porque la ingesta calórica está sincronizada con el metabolismo de los ritmos circadianos. Así, se deduce que comer por la noche no es tan malo si tenemos un cronotipo nocturno.

¿Qué pasa con las cenas?

En general, tenemos muy arraigada la idea de que comer mucho por la noche es malo y algunos estudios que parecen confirmarlo. Sin embargo, cuando los científicos revisan las investigaciones que se han realizado sobre este tema no sacan conclusiones demasiado claras. Por ejemplo, en 2017 la Asociación Americana del Corazón publicó un amplio análisis al
respecto que hablaba de “un potencial efecto perjudicial de comer muy tarde”. Sin embargo, “los ensayos de intervención son pocos y con resultados muy diversos, por lo que no se pueden sacar conclusiones definitivas ni hacer recomendaciones”, añadían.

Faltan evidencias científicas

Entonces, ¿qué debemos hacer con respecto a los horarios de las comidas? El experto en nutrición Luis Jiménez, autor de libros como ‘Lo que dice la ciencia sobre comer saludable’ y ‘Lo que dice la ciencia sobre adelgazar’, cree que no hay muchas evidencias científicas sobre esta cuestión, pero en líneas generales considera que comer demasiado tarde reduce la posibilidad de gastar energías y que tener horarios irregulares puede causar problemas. Tampoco cree que la frecuencia de las comidas (tres o cinco veces al día) tenga un impacto relevante.

Por eso, resume las recomendaciones en tres puntos: coma cuando tenga hambre (comida saludable), siguiendo horarios regulares y no demasiado tarde.

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