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El agua es un elemento fundamental en nuestras vidas, imprescindible para nuestro cuerpo y nuestra higiene. En gran parte estamos hechos de agua y beberla es esencial para la vida. En los países desarrollados tenemos la inmensa suerte de que llega hasta nuestras casas agua potable, en la cantidad que queramos y, generalmente, muy barata.

Sin embargo, en los últimos años se han disparado las ventas de agua embotellada. De hecho, es la bebida que más se vende, ya que cada español consume 120 litros de agua mineral al año de media, según la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas (Aneabe), que agrupa a las compañías del sector.

A la vez estos datos chocan con la creciente preocupación por el medio ambiente y, en particular, por la producción de plásticos que contamina y compromete la vida en el planeta. ¿Realmente es necesario llevar hasta casa agua generando este tipo de residuos cuando disponemos de ella con solo abrir el grifo?

Si los consumidores se comportan así es, sin duda, porque perciben que beber agua embotellada es más saludable, que las consecuencias de beber agua del grifo pueden ser negativas para la salud o, simplemente, que aprecian mejores cualidades de sabor u olor al beber agua embotellada. Pero, ¿realmente es así?

Agua del grifo o embotellada ¿Cuál es mejor?

Lo cierto es que no todas las aguas son iguales. Desde pequeños nos enseñan que el agua no tiene color, sabor ni olor, pero eso no es exactamente así. Desde luego nadie se bebería un agua que no fuera transparente, pero hay diferentes sabores e incluso podemos distinguir olores.

Todo se debe a los minerales: un agua puede tener más o menos calcio, sodio, magnesio, bicarbonato y residuos secos. Además, también varía el pH, lo que incide en la frescura que percibimos y, por lo tanto, en la capacidad para quitar la sed (si el pH es elevado pierde esa cualidad).

Para muchas personas, la gran diferencia a la hora de decantarse por la opción de comprar agua en el supermercado es que el agua del grifo lleva cloro. Este elemento químico se agrega para eliminar patógenos. Es decir, es el que nos garantiza que el agua es potable. Pero también es cierto que en algunas ocasiones el sabor y el olor que deja son muy fuertes.

El debate está abierto: ¿es mejor el agua del grifo o es mejor el agua embotellada? Las dos opciones tienen ventajas e inconvenientes. Veamos por qué.


Ventajas de beber agua del grifo ¿es buena?

Si optamos por beber agua del grifo, saltan a la vista una serie de ventajas. Aunque el agua embotellada es barata, el agua corriente sale en realidad hasta 1.000 veces más económica en algunos municipios. Al consumirla no generamos residuos plásticos y no invertimos tiempo en comprarla, en transportarla ni en llevar los envases al contenedor.

Sin embargo, lo que más nos preocupa es la salud. ¿Podemos fiarnos del agua corriente? Según el informe técnico Calidad del agua de consumo humano en España’ que elabora periódicamente el Gobierno, casi el 100% del agua que sale por nuestros grifos es apta para el consumo humano y, además, presenta una buena calidad.

Incluso hay algunos estudios que van más allá y han visto una calidad superior en el agua del grifo que en la envasada. Así lo reflejaba un artículo publicado en El Confidencial en 2017. Al estudiar la composición de las marcas comerciales y la calidad media del agua corriente, la segunda salía muy bien parada por sus niveles de minerales.


Ventajas de beber agua embotellada, ¿es tan buena?

Sin embargo, hay algunas cuestiones en las que, indiscutiblemente, el agua embotellada parece ofrecernos más seguridad y más información como consumidores. El hecho de que lleve una etiqueta con su composición nos garantiza conocer ciertos datos que en el agua del grifo pueden ser más variables.

En diferentes épocas del año y en distintos lugares, el agua del grifo lleva más o menos cloro y esto puede resultar en un sabor muy fuerte y desagradable para muchas personas. En cambio, es de esperar que las diferentes marcas de agua embotellada en manantiales mantengan sus características organolépticas.

Además, muchos consumidores aprecian las diferencias entre diferentes marcas de agua e incluso hay restaurantes en los que se ofrecen decenas de tipos de agua diferentes. Las marcas se esfuerzan por ofrecer una imagen de salud vinculada a su producto. Pero, ¿qué hay de cierto en todo ello?

Magda Carlas, médica nutricionista, ha escrito el libro ‘Más claro que el agua. Todo lo que deberías saber del agua mineral natural y nunca te han contado’, una obra en la que aclara muchos de los mitos que rodean el mundo del agua embotellada, su relación con la salud y la alimentación.

Según explica, hay algunos casos en los que las aguas de mineralización débil pueden venirle bien a ciertas personas, por ejemplo, las que tienen niveles altos de hipertensión o las que sufren problemas renales.

Conclusión: cuál es la mejor agua

Sin embargo, el agua tan sólo tiene una pequeña influencia en estas cuestiones. Por ejemplo, un agua con altos niveles de calcio podría ser beneficiosa para ciertas personas, pero no es más que un pequeño complemento, casi insignificante: será mucho más importante el calcio que tome gracias a la comida.

Por lo tanto, no existen las aguas con propiedades curativas ni aguas cuyo consumo tenga un peso decisivo en nuestra salud. A pesar de lo que insinúan algunas campañas publicitarias, ningún agua adelgaza ni tiene propiedades milagrosas. Tampoco es necesario beber dos litros al día y, aunque así fuera, gran parte de esa cantidad ya la cubrimos con otras bebidas, como la leche, y con algunos alimentos.

¿El agua del grifo es mala y el agua embotellada es buena? En general, no hay evidencias de que el agua embotellada sea más sana que la del grifo, según coinciden los expertos consultados por El Comidista de El País en un reportaje sobre esta cuestión.

Pero también es necesario desmontar el mito contrario: beber agua embotellada no es malo a pesar de que el plástico contenga elementos químicos como el bisfenol A, según aclara un artículo de Maldita Ciencia, ya que sus niveles no tiene incidencia en nuestra salud. Sin embargo, sí hay que ser precavidos si reutilizamos muchas veces una botella, pero no por esta cuestión, sino por la posible aparición de bacterias.

En definitiva, elegir agua del grifo o embotellada no tiene mucha incidencia en nuestra salud, es más bien una cuestión de gustos, de conciencia ecológica y de rutinas de consumo. Tú eliges.

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