Los beneficios de un alimento extraordinario

La ONU les ha dedicado un día propio y no es para menos. El 10 de febrero es el Día Mundial de las Legumbres gracias a una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas muy reciente: se aprobó el 20 de diciembre de 2018.

Según el texto, las legumbres no sólo contribuyen a una nutrición humana óptima, sino que pueden formar parte de una agricultura sostenible y, además, contribuir a lograr los objetivos de la Agenda 2030. Entre dichos objetivos, uno de los más destacados es el “Hambre cero” para 2030 y, sin duda, el cultivo de las legumbres puede contribuir a alcanzarlo.

Si todo esto nos sorprende, quizá es que no conocemos bien este extraordinario alimento. Las legumbres son semillas de plantas leguminosas y las hay muy variadas: lentejas, garbanzos, alubias, habas y judías están entre las más populares, aunque no son las únicas. Algunas de estas plantas a veces se cosechan verdes y se consideran verduras (las judías verdes, por ejemplo), pero generalmente hablamos de legumbres cuando nos referimos a sus frutos secos, que tienen que ser cocinados para ser comestibles.

Propiedades nutricionales

Desde el punto de vista nutricional, son una gran fuente de nutrientes, sobre todo de proteínas. Por eso, constituyen un recurso magnífico en poblaciones que no tienen un acceso fácil a la carne, el pescado o los lácteos. Además, son bajas en grasa y ricas en fibra. También destacan por su alto contenido en minerales, como hierro y zinc, y en vitaminas del grupo B. Sus características las convierten en uno de los mejores alimentos para controlar problemas de salud tan comunes como el exceso de colesterol o de azúcar, que provocan enfermedades cardiacas y diabetes.

Medio ambiente

Sin embargo, el hecho de que la ONU haya dedicado una fecha del calendario al Día Mundial de las Legumbres responde también a otras inquietudes. Como cultivo, las plantas que dan las legumbres logran una serie de beneficios medioambientales muy estimados, ya que mejoran la fertilidad del suelo, aumentando la productividad. Al aportar nitrógeno al suelo, los expertos consideran que son una especie de fertilizante natural, lo que evita el uso de productos sintéticos, cuya fabricación implica la liberación de gases de efecto invernadero y cuyo uso excesivo contamina el medio ambiente.

Además, su producción requiere el consumo de muy poca cantidad de agua. Mientras que producir un kilo de carne de ternera supone gastar 13.000 litros, para obtener un kilo de lentejas es suficiente con 1.250 litros, según datos de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Gran duración y versatilidad en la cocina

Por otra parte, las legumbres son un alimento muy poco perecedero. Esto quiere decir que mantienen todas sus propiedades durante meses, que se pueden almacenar todo ese tiempo y que garantizan la disponibilidad de comida entre cosecha y cosecha. Todo esto es importante en países con pocos recursos, pero también en los países más desarrollados, que habitualmente tiran una gran cantidad de alimentos de corta duración.

Además, en la cocina aportan una gran versatilidad. Frente a los platos más tradicionales de legumbres cocidas en nuestra cocina, está también el falafel o el hummus de garbanzos o las infinitas posibilidades de incorporar legumbres a nuestras ensaladas.